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Medio Ambiente 13 de Agosto de 2026 · 11:58h 2 min de lectura

Un año después, Ourense sigue en silencio: la huella de los incendios aún no se borra

Hace un año, Galicia sufrió una de sus peores catástrofes ambientales: más de 110.000 hectáreas quemadas, especialmente en Ourense. La tierra todavía está negra y muchos paisajes parecen páramos, sin vida, sin esperanza.

Este desastre dejó heridas profundas en la flora, fauna y en las comunidades que dependen del campo. La sequía prolongada y las altas temperaturas facilitaron que el fuego arrasara sin control, poniendo en jaque a vecinos, agricultores y ayuntamientos.

Las consecuencias son evidentes: pérdidas irreparables para el ecosistema, economía local dañada y un sentimiento de inseguridad que no desaparece. La gente sigue con miedo, preocupada por lo que puede volver a ocurrir, y con recursos insuficientes para prevenir futuros incendios.

Para los ciudadanos, esto significa vivir con la incertidumbre de un verano más en tensión, con la sensación de que todo puede volver a arder en cualquier momento. La prevención y el cuidado del monte deben ser una prioridad, pero aún hay mucho por hacer desde las administraciones y cada uno en su día a día.

Ahora, lo que se necesita es una reflexión profunda y acciones reales. Los afectados deben exigir más recursos, mejores infraestructuras y políticas efectivas que protejan su entorno y su vida. La recuperación será larga, pero el compromiso de todos es imprescindible para evitar que el próximo verano vuelva a traer destrucción.

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