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El AVE Ourense-Santiago cambia de cerebro: ahora lo controlará Ourense, no Madrid

El AVE Ourense-Santiago pasa a controlarse desde Ourense tras Urda (69 muertos). Qué cambia para viajeros y qué falta por hacer en seguridad.

Redacción · 24h Galicia 2 min de lectura

El tráfico del AVE entre Ourense y Santiago dejará de controlarse desde Atocha y pasará a manos de un centro de Adif en Ourense. Un cambio que llega justo cuando el accidente de Urda, con al menos 69 muertos, ha puesto el foco en cómo se gestiona la alta velocidad en España.

Hasta ahora, el tramo estrella de Galicia depende de un centro situado a cientos de kilómetros. El nuevo centro de regulación de la circulación de Galicia, en la antigua estación de San Francisco de Ourense, asumirá esa tarea. Adif lo presenta como una modernización con un videowall de 35,14 metros cuadrados y una inversión de 1,1 millones de euros.

En la práctica, el centro gestionará a distancia y en tiempo real los 1.151 kilómetros de la red gallega, con sus tres anchos de vía. También se hará cargo del tramo Ferrol-Ribadeo, en ancho métrico, algo que hasta ahora no hacía.

Para el ciudadano de a pie, esto significa que quien viaja entre Ourense y Santiago tendrá su línea vigilada desde su propia comunidad. Quien vive en Ferrol o Ribadeo también notará el cambio, al estar su tramo bajo un control más cercano. Pero el cambio no es solo administrativo: si el sistema falla, la respuesta dependerá de la calidad técnica del centro, no de su ubicación.

Y ahí aparece la pregunta de fondo. El tramo Ourense-Santiago ya tuvo una tragedia en Angrois, en 2013, con 80 muertes. El sistema de control automático de velocidad, el ERTMS, llegó allí diez años después, en agosto de 2023. Los expertos coinciden en que su presencia antes habría evitado el accidente. Mientras tanto, la línea Madrid-Sevilla sigue con el sistema LZB, instalado en 1992 y considerado obsoleto, que fue el que falló en Urda.

Qué puede pasar ahora: el nuevo centro aún está en obras y Adif no ha dado plazos concretos. Los usuarios y las asociaciones de víctimas deberían exigir un calendario público, auditorías independientes y garantías de que el ERTMS cubra toda la red. Mientras la modernización no esté terminada, la seguridad depende de que los sistemas actuales funcionen sin fallos.

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