La llegada de la II República a España en 1931 supuso un cambio radical en el sistema político del país. En el caso de Galicia, la noticia fue recibida con esperanza y entusiasmo por una parte de la población, especialmente entre los sectores más desfavorecidos que veían en la República la oportunidad de lograr mejoras sociales y políticas. Sin embargo, también hubo resistencia por parte de grupos conservadores y monárquicos.
La II República trajo consigo importantes cambios en Galicia, como la abolición de los privilegios del clero y la nobleza, la secularización de la educación y el impulso de políticas sociales destinadas a mejorar las condiciones de vida de la población. Además, se promovió la cultura gallega y se reconoció la lengua gallega como oficial en la región.
La Guerra Civil española estalló en 1936 y tuvo un impacto devastador en Galicia. La región se dividió entre los republicanos, que controlaban las principales ciudades como A Coruña y Vigo, y los sublevados franquistas, que contaban con el apoyo de una parte de la población rural.
Durante la Guerra Civil, Galicia fue escenario de intensos combates, bombardeos y represión. Muchos gallegos participaron en la contienda, tanto en el bando republicano como en el franquista, y la región sufrió una gran destrucción material y humana.
Tras la victoria de Franco en la Guerra Civil, Galicia se convirtió en una de las principales bases de apoyo del régimen franquista. Sin embargo, también hubo una importante resistencia antifranquista en la región, protagonizada por militantes comunistas, socialistas, anarquistas y nacionalistas gallegos.
La represión franquista en Galicia fue especialmente dura, con detenciones, torturas y ejecuciones de opositores políticos. A pesar de ello, la resistencia se mantuvo activa durante toda la dictadura, llevando a cabo acciones clandestinas y atentados contra el régimen.
Tras la muerte de Franco en 1975, España inició un proceso de transición hacia la democracia que también tuvo un impacto en Galicia. En 1981 se aprobó el Estatuto de Autonomía de Galicia, que otorgaba a la región un amplio autogobierno y reconocía su identidad cultural y lingüística.
Desde entonces, Galicia ha vivido un período de estabilidad política y económica, aunque todavía persisten desafíos como el desempleo, la despoblación rural y la protección del medio ambiente. En la actualidad, Galicia es una comunidad autónoma con un fuerte sentimiento de identidad y una rica tradición cultural.