En un entorno de diálogo enriquecedor, el ex primer ministro israelí Ehud Olmert ha manifestado su creencia de que la paz está más al alcance de lo que muchos podrían imaginar, instando a las partes involucradas a evitar que la ira y el deseo de venganza determinen su camino. La pregunta que surge, según él, es: “¿A dónde nos lleva esta trayectoria?”
Durante el Foro La Toja Vínculo Atlántico, celebrado el pasado sábado, Olmert compartió el escenario con Samer Abdelrazzak Sinijlawi, un activista palestino de Jerusalén, donde ambos abogaron por reconocer la necesidad de un estado que contemple la coexistencia pacífica entre dos naciones y enfatizaron la importancia de un cambio en los liderazgos de ambos lados.
En el diálogo titulado ‘Gaza: ¿es posible la paz?’, Olmert admitió que la reacción de Israel posterior al ataque del 7 de octubre fue “inevitable”, aunque lamentó los indeseables daños colaterales que esta ha causado, afectando a muchas personas ajenas al atentado. Reconoció que muchas de estas víctimas no están implicadas en el conflicto.
El ex primer ministro no escatimó en críticas al liderazgo de Hamás, describiéndolo como “el peor enemigo de su propio pueblo”. Aseveró que la escalada de violencia hubiera sido evitable si no hubiera habido un ataque inicial desde Gaza, apuntando a la responsabilidad del grupo terrorista en la crisis actual.
A pesar de los desafíos, Olmert hizo un llamado a encontrar un “equilibrio” entre la justicia y la construcción de un nuevo marco de paz que prevenga caer en un ciclo de violencia repetido, haciendo hincapié en la necesidad de establecer una estrategia efectiva que garantice un futuro diverso y pacífico.
Por su parte, Samer Abdelrazzak lamentó la falta de comprensión entre muchos israelíes respecto al sufrimiento palestino, subrayando que “Gaza ha sido esencialmente borrada del mapa” en la narrativa común. Sugirió que tanto israelíes como palestinos deben considerar cambios significativos en sus respectivos liderazgos para hacer frente al reto que han enfrentado en las últimas dos décadas.
Abdelrazzak expresó la necesidad de que los palestinos se liberen del dominion de Hamás, sugiriendo que un cambio de liderazgo es crucial para reconfigurar la relación con Israel y el contexto regional. Estuvo convencido de que ambos pueblos merecen un liderazgo capaz de abrir caminos hacia la paz.
Mirando hacia el futuro, hizo énfasis en el próximo proceso electoral en Israel, describiéndolo como una oportunidad invaluable para construir paz, siempre que se movilice a una mayoría de votantes a respaldar una coalición abierta al diálogo. Destacó que, de lo contrario, el statu quo prevalecería.
En una nota más irónica, Olmert comentó que Israel “siempre está a una elección de la paz con los palestinos” y que, de manera similar, los palestinos están “siempre a un líder de la posibilidad de lograr la paz con Israel”. Se cuestionó así sobre las decisiones que deben tomarse en este delicado contexto histórico.
Tras reflexionar sobre la historia reciente de Israel, el ex primer ministro se preguntó sobre la dirección hacia la que se dirigen: si deben perpetuar la ocupación o estar dispuestos a renunciar a territorios que han considerado históricamente suyos por una causa mayor: la paz.
El activista palestino también enfatizó la importancia de mirar más allá del trágico 7 de octubre, sugiriendo que es fundamental abrirse a las oportunidades que el futuro ofrece. Reconoció que la independencia de Israel debería marcar un nuevo comienzo, un día en que finalmente se alcance la paz con Palestina, transformando la región en un lugar próspero y agradable.
“La paz tiene que suceder”, proclamó. Resaltó que después de años de conflicto, tanto israelíes como palestinos siguen coexistiendo en la misma tierra, afirmando que es fundamental dejar atrás la noción de que el cambio es imposible y avanzar hacia una nueva dinámica que permita la aceptación mutua y la seguridad compartida.
Olmert concluyó reconociendo el devastador impacto emocional que el conflicto ha tenido en las comunidades afectadas, haciendo un llamado a la reflexión sobre cómo evitar que la ira y el deseo de venganza perjudiquen el proceso de paz. Insistió en que solo hay una solución viable: la creación de dos estados, y animó a todos a soñar y trabajar por la posibilidad de este futuro.
Por último, el activista palestino resaltó la historia compartida de convivencia entre ambos pueblos que se remonta a 3.500 años, afirmando que esta herencia en común puede ser la base sobre la cual construir un futuro que beneficie a todas las partes involucradas.
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