Las llamas y la falta de agua estrangulan la temporada de magosto, dejando castañas escasas y de mala calidad.
Después de un agosto devastador para la comunidad gallega, especialmente en las provincias de Lugo y Ourense, el esperado inicio de la temporada de castañas y los tradicionales magostos ha quedado gravemente afectado. Los incendios devastadores y la escasez de lluvias en septiembre y octubre han deteriorado la calidad del fruto, un foco de preocupación para los productores. "Los incendios y la sequía están asesinado este producto", afirmó un responsable de Canstaval, Castañas de Valdeorras.
Desde esta empresa, ubicada en la parte oriental de Ourense, indicaron que su cosecha este año representa solamente entre el 30% y el 40% de lo que sería una producción normal. Las castañas, aunque han mostrado alguna mejora tras recientes lluvias, son notablemente más pequeñas. A pesar de ello, la demanda es débil, presentando solo un ligero aumento al acercarse el Día de Todos los Santos.
La situación es similar para Castañas Rosendo, que opera en las áreas de Riós y Vilardevós, que sufrieron severamente por los incendios. Este productor lamenta que la castaña es escasa y de calidad inferior, llegando al mercado muy pequeña y completamente seca. "No hay oportunidad de mejorar la cosecha a estas alturas", resaltaron, haciendo eco de la preocupación por el futuro de su sustento.
En Naiciña, una productora de Chantada, también han manifestado su descontento por el impacto del calor extremo de septiembre y octubre en la recolección. "Las castañas son pequeñas, secas y muchas presentan un alto porcentaje de daño por insectos", explicaron. Actualmente, la producción se establece en torno al 30% de lo habitual, y han observado que, dentro de las cáscaras, no se desarrollan correctamente las castañas, fenómeno atribuido a la falta de agua necesaria para su crecimiento.
"El castaño no necesita producir castañas para sobrevivir, pero la sequía y los incendios afectan su capacidad de recuperación", concluyeron los productores. A pesar de la adversidad, algunas empresas como Castañas Rafael, que se sitúa en Ourense, defienden la calidad del fruto a pesar de la escasez. “Siempre hay castañas para los magostos, pero es complicado abastecer a grandes distribuidores y al público en general”, afirmaron.
Con la llegada de las recientes lluvias, algunos productores han comenzado a observar cambios en la calidad del fruto, que había sufrido de deshidratación. "Aunque todavía no es suficiente para resolver la escasez en muchas áreas, sí mejora la conservación y el estado de lo que recolectamos", subrayaron.
Amarelante, una productora de Manzaneda, también se unió a las voces que manifiestan la importancia de la lluvia en la calidad del fruto. Aseguraron que el momento en que se recolecta la castaña es crucial, dado que algunos castaños empiezan a perder sus frutos en septiembre. "Las lluvias recientes no afectan el tamaño de las castañas, pero sí las hacen lucir más limpias y brillantes", comentaron, añadiendo que en muchas producciones no se han registrado mejoras significativas.
A pesar de que el fruto de este año es pequeño, se destaca que es "más dulce porque concentra más azúcar". Las primeras estimaciones pronostican una cosecha aproximadamente un 30% inferior a la del año anterior, lo que representa un duro golpe para los productores.
Amarelante también reflexionó sobre el impacto del cambio climático en las comunidades rurales, enfatizando cómo ha contribuido a la disminución de las cosechas debido al aumento de plagas y las elevadas temperaturas durante los meses críticos. "Hoy en día, es habitual recolectar solo el 50% de las castañas que solíamos cosechar hace una década. Este año, hemos visto una reducción del 30% de ese ya bajo porcentaje", lamentaron.
Esta productora from Ourense expuso que "diez años atrás, se recogían 250.000 kilos de castañas sin dificultad, mientras que el año pasado la cifra cayó a 100.000". A pesar de que la sequía de agosto se considera normal, la falta de lluvia en septiembre truncó el desarrollo adecuado de los frutos, lo que resalta la urgencia de abordar los efectos del clima en la agricultura local.
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